
El techo del mundo se encuentra en Nepal, país de Asia del Sur en el que se sitúan ocho de las diez montañas más altas del mundo y donde tres cuartas partes de su territorio las cubren los montes
Precisamente esta estructura geográfica contribuyó durante mucho tiempo al aislamiento de Nepal, ya que con el fin de mantener la independencia con China al norte y la India colonizada por Inglaterra al sur, fue evitado todo tipo de contacto con el mundo exterior durante más de 100 años. Fue en 1950 cuando se inició la apertura del país hacia el exterior, y tras varios intentos de democratización se consiguió instaurar un sistema parlamentario de partidos en 1990. La monarquía cumple hasta hoy un papel trascendental en la unidad de este país plurilingüe y multiétnico.
La influencias más intensas sobre la vida cultural nepalesa las ejercen el hinduismo y el budismo, y sus templos con bellas xilografías y techos piramidales sirven de ejemplo de la diversidad y tradición cultural de Nepal. Pero es sobre todo en las ciudades del valle de Katmandú y en la región sur del país donde concurren varios miles de palacios y centros culturales.
El desarrollo económico se vio dificultado por el largo aislamiento y muy a pesar de avances notables es la agricultura la que domina hasta el día de hoy, aunque la fuente de ingresos más importante la representa su geografía montañosa. Los ríos descendientes del Himalaya en dirección sur se utilizan para la obtención de energía eléctrica por la que sobre todo India mantiene una fuerte demanda. El Everest y las ocho mil montañas restantes son metas de escaladores y trepadores de montañas y el turismo proporciona a Nepal valiosos ingresos en divisas que con el desarrollo continuado de su aún joven democracia y la erradicación de los conflictos internos proporcionarán al país el máximo rendimiento de su peculiaridad originaria y su heterogeneidad cultural.