
Los éxitos económicos de la República de Corea en los últimos 40 años se presentan ante el resto del mundo como un milagro. A pesar de las destrucciones y pérdidas causadas por la guerra de Corea, Corea del Sur se ha desarrollado, partiendo de un país agrícola pobre, hasta convertirse en un estado industrializado. Desde entonces, se ha situado entre las 15 economías nacionales más potentes del mundo.
La nación coreana surgió con el establecimiento de tres reinos hace más de 2.000 años. Entre el siglo 10 y el 12 se desarrolló una burocracia centralizada. Evolucionaron una cultura y un idioma propios, que continuaron siendo determinantes hasta la actualidad para una conciencia nacional coreana.
La ocupación japonesa de 1910, que terminó en agosto de 1945, requirió muchos sacrificios, y hasta ahora no se han superado sus consecuencias políticas. La transmisión del poder en el norte a la Unión Soviética y en el sur a los Estados Unidos condujo a la división del país mientras duraron los límites ideológicos de la guerra fría.
Con una política de desarrollo orientada a la exportación y el fomento de altas tecnologías industriales, la república surcoreana consiguió un extraordinario desarrollo económico en las décadas siguientes. La crisis asiática sólo ha podido frenar temporalmente la dinámica económica. Uno de sus fundamentos han sido los enormes esfuerzos de perfeccionamiento y aprendizaje que han debido emprender no sólo el estado surcoreano, sino también sus ciudadanos individuales.
El nacimiento de una clase media y de un movimiento sindicalista han impulsado la democratización del país. A finales de los años 80, se aprobó una nueva constitución y se eligió un Parlamento soberano del país. El mayor problema político y humano continúa siendo la división de Corea. En los tiempos más recientes, se han producido algunos intentos esperanzadores para su superación.