
Cuando alrededor del año 1786 Goethe llevó a cabo su primer viaje a Italia, el país ya era una meta turística muy frecuentada. La belleza del paisaje, las obras maestras arquitectónicas, las numerosas ruinas y construcciones de la época romana atraen aún hoy a muchos viajeros interesados en la cultura.
Entre 1861 y 1870 los Estados italianos se unificaron en el Reinado de Italia bajo Víctor Emanuel II con capital en Roma. En 1946 y finalizada la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de la población votó a favor de la abolición de la monarquía en un plesbicito popular.
Aunque en los 54 años de existencia de la República italiana hubieron cerca de 60 cambios de gobierno, la democracia italiana es considerada estable. Esto se debe a la gran serenidad y tolerancia de sus ciudadanos y esa enorme capacidad de reírse de sí mismos. Un ejemplo de esto fue el filme sobre Don Camillo y Peppone rodado en los años 50, cuando la Guerra Fría llegaba a su punto de mayor tensión: el cura católico y el intendente comunista del pueblo estaban enfrentados pero, con humor y viveza criolla procedieron finalmente de común acuerdo para beneficio de todos.
En el estilo de vida italiano no puede faltar la buena comida y el vino. Los italianos llevaron su cocina a todos los países donde emigraron. Pero la contribución italiana a la cultura mundial no sólo se limita a la antigua Roma. Las profundas transformaciones que trajo consigo el renacimiento partieron de Italia y Florencia con pintores, escultores y arquitectos como Miguel Ángel, Botticelli y Leonardo Da Vinci.
El mundo de la ópera sería mucho más pobre sin los compositores Verdi, Rossini y Puccini. En el ámbito literario clásico sobre todo se puede mencionar a Dante, Petrarca y Boccaccio. El arte cinematográfico fue impregando en forma decisiva por directores como Rossellini, De Sica, Antonioni, Fellini, Pasolini y Visconti.