
Doscientos volcanes, enormes glaciares y fuentes termales: Islandia es el país de los extremos. Si bien la isla está situada en el círculo polar ártico, la corriente cálida del Golfo hace que el clima sea más bien benigno. En Islandia, los terremotos y las erupciones volcánicas están a la orden del día.
El once por ciento de la superficie del país está cubierta de hielo. Ciertas laderas del glaciar, en el sureste de la isla, tienen hasta 1.000 metros de espesor. El Vatnajökull tiene una superficie de 8.456 metros cuadrados y es más extenso que todos los glaciares europeos en conjunto.
El géiser más grande y más conocido de Islandia se encuentra cerca de Reikiavik. En lapsos de cinco a 36 horas despide chorros de agua de hasta sesenta metros de altura.
Los habitantes de la capital utilizan las aguas termales para calefaccionar sus casas; esta fuente natural de energía también es aprovechada para climatizar los numerosos invernaderos de la isla: dado que sólo el uno por ciento del suelo es apto para la agricultura, las verduras, frutas y flores son cultivadas en instalaciones calefaccionadas.
Islandia vive principalmente de la pesca. En los años setenta los islandeses resolvieron extender su zona pesquera a 200 millas marinas, lo que produjo conflictos con los demás países europeos, conocidos como "las guerras del bacalao". Entretanto, esta resolución ha sido reconocida por el derecho internacional.
Islandia fue descubierta y poblada por los vikingos noruegos a fines del siglo I. La lengua islandesa está emparentada con el noruego antiguo y prácticamente no ha sufrido cambios desde la Edad Media, por eso los islandeses pueden leer sus famosas sagas en la lengua original. Los relatos describen la historia de las grandes familias que poblaron la isla en los siglos X y XI. De Islandia provienen también las Eddas, famosas recopilaciones de obras en prosa. El escritor islandés Halldör Laxness obtuvo en 1955 el Premio Nobel de Literatura.