
El pueblo iraní es joven: el 40 por ciento de los habitantes tiene menos de 15 años y más de dos tercios es menor de 30 años. Los iraníes ya pueden votar a los 16 años. Según los observadores políticos, el alto porcentaje de participación de las mujeres y los jóvenes fue decisivo en la victoria de las fuerzas reformistas en las elecciones parlamentarias celebradas en febrero pasado.
Como ocurre en la mayoría de los estados de la región, en Irán convive una pintoresca mezcla de pueblos: alrededor de la mitad de los habitantes son persas y la primera minoría corresponde a los azerbaiyanos, que conforman el 17 por ciento e la población. Además hay curdos, armenios, turcomanos, beluches, lumíes y bactrianos, grupos unidos por la fe islámica.
El país de los persas fue uno de los imperios más antiguos de la historia mundial. Ciro II (559-530 a.C) liberó a los judíos de la prisión babilónica y reinó sobre territorios que se extendían desde el Mar Mediterráneo hasta el río Indo y del Mar Caspio hasta el Océano Índico. El Imperio Persa tuvo su apogeo alrededor del año 500 a.C. bajo el gobierno de Darío I, a quien se atribuye la construcción de Persépolis, la antigua capital. La historia de la Persia islámica comienza con la conquista árabe en el año 637.
En el siglo XX, la dinastía de los Pahlevi implementó una política de occidentalización y modernización del país. Mientras los medios occidentales estaban completamente fascinados por el brillo del Trono del Pavo Real, el sha Reza Pahlevi se distanciaba cada vez más de su pueblo. Bajo la conducción de los líderes islámicos se desencadenó una una revuelta contra el dictador, quien fue destituido en 1979.
Tras la revolución islámica, Irán se sumergió en el aislamiento político. La población sufrió extremas penurias en la guerra contra Irak, que duró entre 1980 y 1990. Después de la muerte del líder revolucionario Khomeini en 1989 y tras la finalización de la guerra, el país comenzó a abrirse al extranjero y a recuperarse económicamente en la década del '90.