
Etiopía es el país africano que nunca fue sometido al colonialismo. Su casa imperial era considerada la más antigua del mundo. Haile Selassié, derrocado en 1974, era miembro de una dinastía que, según dice la leyenda, fue fundada en el siglo X antes de Cristo por un supuesto descendiente directo del rey Salomón y la reina de Saba.
Los semitas que llegaron desde el sur de Arabia en la era precristiana llamaron a estos territorios Abisinia, que significa "mezcla de pueblos". Los semitas fundaron el reino de Aksum y tomaron contacto con el culto cristiano a través del comercio con los romanos y griegos. La religión cristiana fue adoptada oficialmente en el año 330. Aksum se convirtió en la potencia económica más importante del Mar Rojo.
Con la construcción del Canal de Suez en el siglo XIX, el "cuerno" de África cobró gran importancia estratégica para las naciones colonialistas. Sin embargo, Etiopía logró defender su independencia. Sólo la franja costera sobre el Mar Mediterráneo fue ocupada por Italia y pasó a ser la colonia llamada Eritrea.
Tras la gran hambruna de 1974 comenzaron los disturbios que provocaron la destitución del rey Haile Selassié. En 1994 fue promulgada una constitución federal para responder a las diferencias culturales de los numerosos grupos étnicos del país.
El paisaje de Etiopía se caracteriza por el Valle del Rift, una depresión que lo surca desde el noreste al sudoeste. Este valle, originado por el desplazamiento continental, divide al país en zonas cuyo aprovechamiento depende de la altura del terreno y de la abundancia de las lluvias. La región que concentra la mayor parte de los asentamientos humanos es Woina Dega. La altura en esta zona donde predomina el clima templado varía de 1.600 a 2.500 metros. Allí se cultivan cereales, algodón y el famoso café etíope. El hambre es una amenaza constante y afecta en especial a la población de las regiones menos desarrolladas.